Atrás
Debajo del altar
¿Y qué se ha encontrado ahí, de verdad?
Esto no es una leyenda. Debajo de la catedral se ha excavado, se ha medido y se ha datado. Y lo que hay es real. El problema no es lo que hay: es lo que significa.
Está excavado
Hay un edificio funerario romano.
Debajo del altar mayor hay un mausoleo romano de verdad, con una necrópolis alrededor. Se excavó a mediados del siglo XX, está documentado, y hoy se puede visitar. Nadie discute que esté ahí.
Está excavado
Y apareció la lápida de Teodomiro.
En 1955, excavando dentro de la catedral, apareció una losa con un nombre grabado: Teodomiro, obispo de Iria Flavia, muerto el 20 de octubre del año 847. El mismo obispo de la historia. No era un personaje de cuento: era un hombre, y está enterrado a unos metros de la tumba que él mismo mandó abrir.
Y aquí ya no cuadra
Pero el mausoleo es del siglo II.
Los arqueólogos datan ese edificio romano en el siglo II. Y el apóstol murió hacia el año 44. O sea: la tumba es, por lo menos, un siglo POSTERIOR al hombre que se supone que está dentro.
Y esto no lo dice casi nadie
A los huesos nunca se les ha hecho una prueba científica.
Ninguna. Ni datación, ni análisis, nada. La Iglesia los declaró auténticos en 1884, y eso es una decisión de fe, no un análisis de laboratorio. Nadie ha comprobado nunca de quién son.
Te lo hemos contado todo. También lo que no juega a favor.
Y aun así, medio millón de personas al año siguen andando hasta allí.
Aquí no queremos sacarte el dinero. Y por eso podemos contarte lo que hay, no lo que nos conviene.
¿Y quién era el hombre? →