Mi Estela

Papá duerme esta noche
en el Bierzo.

No hicimos esto para que sepas dónde está tu gente. Lo hicimos para que puedas dormir.

Hay una distancia entre querer a alguien y poder tocarlo. Un hijo en otro país. Una madre en el pueblo. Un hermano que hace el Camino y no va a llamar hasta el domingo. Esa distancia lleva existiendo toda la vida y las apps no la han arreglado: la han llenado de avisos.

Mi Estela hace una cosa sola: convierte la distancia en presencia. No te dice dónde estuvo cada uno a las tres de la tarde. Te dice que llegaron bien.

Y lo hace con una condición que no vas a encontrar en ninguna otra: aquí nadie te mira sin que tú lo sepas. Las condiciones las pone tu familia, hablando, no nosotros con un ajuste por defecto.

Presencia, no vigilancia. Y siempre con un pacto.

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Sin publicidad. Sin trackers. Nunca.

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