Esto Mi Estela no lo va a hacer nunca.
Todo lo de esta lista existe hoy en otras aplicaciones parecidas a esta. Aquí no está pendiente ni aparcado: está descartado. Sin «por ahora» y sin «salvo que».
- Un historial de dónde estuviste a cada hora
Es lo primero que pide quien quiere controlar a alguien, y es exactamente lo que convierte el cuidado en vigilancia.
- Un modo en el que uno mira y el otro no se entera
Si tú ves a alguien, esa persona sabe que la ves. Sin excepciones, ni para padres.
- Vender o ceder tu ubicación a nadie
No es un modelo de negocio, es una traición. Y ya ha pasado en este sector.
- Publicidad, en cualquier forma
Con anuncios, el que paga es el anunciante y tú pasas a ser el producto.
- Cobrar por el SOS o por saber que alguien está bien
Nadie debería tener que elegir entre pagar y estar seguro.
- Retener tus recuerdos si dejas de pagar
Son tuyos. Lo que se paga es que se sigan guardando, no el derecho a mirarlos.
- Rachas, medallas o rankings
Convierten el cariño en una tarea, y desconectar en un fracaso.
- Adivinar tu estado de ánimo sin que lo digas
Deducir cómo estás por cómo te mueves o cómo escribes es espiarte, aunque sea con buena intención.
- Avisarte de cada movimiento
Un móvil que vibra cada quince minutos no da tranquilidad: da ansiedad.
- Decir que Estela te quiere
Es un sistema, y fingir lo contrario es la mentira más peligrosa que puede contar una app.
Presencia, no vigilancia. Y siempre con un pacto.
Y lo que sí se obliga a cumplir›Sin publicidad. Sin trackers. Nunca.